La figura del mariachi en el cine mexicano

La figura del mariachi en el cine mexicano

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El mariachi es una figura que siempre ha estado presente en la cultura y en la música de todos los estados de México; así es como podemos encontrar grupos de mariachis en Guadalajara, su lugar de nacimiento, en Monterrey, en Sonora, en los estados del sur y, por supuesto, en la Plaza Garibaldi, el espacio por excelencia de los mariachis cdmx. Aunque, en la actualidad tenemos mayor acceso a información acerca de este símbolo musical mexicano, hubo una época en nuestro país en la que el cine ayudó muchísimo a construir la imagen del mariachi. Por esta razón, queremos darte un pequeño recorrido por las películas mexicanas que representaron la figura moderna de los mariachis.

Los inicios pueden rastrearse en películas como El Charro negro (1917) y ¡Que viva México! (1931), sin embargo, fue Fernando de Fuentes con Allá en el rancho grande (1936) el que cambió la historia. De esta película surgió la figura del “charro cantor”, ya que la película contiene escenas en las que se canta y se realizan bailes folklóricos en cantinas, serenatas y en el campo. La canción que da nombre a la película y hace referencia a la locación, lo popularizó su intérprete y personaje principal, Tito Guízar; el tema fue compuesto por Emilio Uranga Donato y Fernando Díaz del Moral. De esta manera, inició una ola de películas cuyos protagonistas consolidaron la nueva figura del mariachi.

El primer ídolo de la llamada Época de Oro del cine mexicano fue Jorge Negrete, también conocido como el galán cantante, quien encarnaba a un mítico hombre de campo. Por otro lado Pedro Infante consolidó una imagen más simpática y alegre, sus personajes combinaban características del México rural con algunas del México urbano de su época. El último ídolo fue Javier Solís, aunque su imagen fue más sonora que visual, ya que el público lo identificaba como el “cantante de origen proletario”. Películas como Los tres García (1947), Dos tipos de cuidado (1953), Los Tres Huastecos (1948) y Me he de comer esa tuna (1945) ayudaron a construir la nueva imagen del mariachi y popularizaron, todavía más, la música regional mexicana.

En tiempos más recientes, el mariachi tuvo un eco a nivel internacional, sobre todo, con El Mariachi (1992) de Robert Rodriguez, protagonizada por Antonio Banderas, quien se veía envuelto en una trama llena de violencia acompañado de la actriz mexicana Salma Hayek. La historia tuvo una secuela llamada La balada del pistolero (1995). Rodríguez volvió más tarde con otro intento en ­Érase una vez en México (2003).

 

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